Control de acceso: quién entra, cuándo y con qué
Un control de acceso reemplaza la llave por algo que no se presta, no se copia y queda registrado. En una empresa además resuelve el reporte de entradas y salidas sin planilla.
Con qué se abre: las cuatro formas
- Tarjeta RFID — la más común y la más barata de reponer. Se pierde y se presta, pero se da de baja en un segundo desde el sistema
- Huella — no se presta ni se olvida. Falla con manos mojadas, con guantes o con huellas muy gastadas, que es lo que pasa en obra y en cocina
- PIN — sirve de respaldo cuando lo demás falla, y para visitantes
- Rostro — el más rápido y el único sin contacto. Es el que conviene en entradas con mucho flujo o donde no quieren tocar nada
Los terminales de esta línea combinan varias: hay de huella y tarjeta, y faciales que además leen huella, PIN y tarjeta.
Cuántos usuarios, y por qué importa
Aquí hay equipos desde 1.000 usuarios hasta 100.000, y faciales de 3.000 y 6.000 rostros. La regla es sencilla: cuente la gente que va a entrar, multiplique por dos y compre por encima de eso. Cambiar el terminal porque se llenó cuesta mucho más que haber comprado el siguiente.
Lo que se pasa por alto
- Antipassback — impide que una persona entre y le pase la tarjeta a otra por la reja. Si el control es de verdad, esto no es opcional
- IP66 para exteriores — un terminal de interior puesto en el portón se daña en la primera temporada de lluvia
- RS485 — permite poner la lectora afuera y el control adentro, de modo que nadie pueda manipular el equipo desde la calle
- Torniquete — cuando hay que impedir el paso, no solo registrarlo
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